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18/10/2021

Resistiendo Tv

Periódico militantes de Resistiendo con Aguante

LA OSCURA RUTA DE LA LANA DEL IMPERIO BRITÁNICO

LA OSCURA RUTA DE LA LANA DEL IMPERIO BRITÁNICO (1)

 

 

Más de dos milenios atrás, una red de rutas comerciales asiáticas se extendía a lo largo del continente euroasiático. Anteriormente, y en pocas ocasiones, durante más de 7000 años, ya existían esos contactos de intercambio este-oeste.

Las actividades bélicas de los hunos interrumpieron el flujo de las caravanas. Cuando en el año 141 a.C., accedió al trono el emperador Wu, decidió poner fin al problema. Tres años después, encomendó a uno de sus jóvenes oficiales, Zhang Qian, dirigir una expedición exploratoria de 100 hombres hacia el oeste. Tras inmensas penurias, regresó más de una década después, con valiosísima información.

Puestos a raya los asaltantes de las caravanas, la red comercial fue nuevamente abierta al tránsito de productos desde oriente a occidente y viceversa. Más de mil quinientos años subsistió el comercio, tanto por tierra como por mar. Hacia el siglo IX se abrió una ruta hacia el sur del África.

 

  

La caída de Constantinopla significó el cierre definitivo del tráfico comercial euroasiático

 

Dos reinos devenidos en imperios en el siglo XVI tuvieron una fuerte matriz industrial en la que la producción textil descollaba: Inglaterra y España.

La irrupción de la primera revolución industrial en Inglaterra, hizo su primer impacto en su industria textil. Podía producir mucho, pero requería también grandes cantidades de materia prima, entre ellas lana de buena calidad.

La pérdida de las colonias británicas en lo que hoy son los Estados Unidos, hizo de la conquista de nuevos territorios una cuestión de supervivencia.

En 1806, el Reino Unido se adueña de la Colonia del Cabo, en Sudáfrica. La India, en manos de la Compañía Británica de las Indias Orientales, se sumó a los proveedores del preciado vellón.

La colonización de Australia y Nueva Zelanda convirtió al novísimo continente en destacado productor ovino.

Hacia 1820 el Reino Unido era dueña indiscutida de los mares. Sus banqueros, que habían engordado durante dos siglos sus tesoros mediante el tráfico de esclavos, operaban como inversores. La Armada Real custodiaba sus intereses, y destruía a quienes se opusieran a su expansionismo imperial.

Se pasó de la esclavitud desembozada al sometimiento a servidumbre laboral del proletariado.

Las jornadas extenuantes de 14 horas diarias, sin descansos semanales, y con salarios de hambre fueron el correlato de un tráfico marítimo que llevaba la lana de las colonias hacia Inglaterra. A su vez, los aborígenes australianos sometidos eran la mano de obra esclava en la ganadería, percibiendo solamente comida y ropa usada por sus labores.

Los allegados a la Corona impulsaron el establecimiento de inmigrantes escoceses en las tierras productoras de lana. De esta política poblacional serán testigos Nueva Zelanda, Australia y las Islas Malvinas.

 

 


 

Desde sus colonias en Nueva Zelanda, Australia, India, Sudáfrica y Malvinas un derrotero marítimo configura esto que hemos dado en llamar la Ruta de la Lana del Imperio Británico.

Por si algo hiciera falta para destacar la importancia de esta industria en ese momento particular del imperio británico, véase a continuación el pabellón de las islas usurpadas a la Argentina.

 

 



 

Hubo un tipo de colonización un tanto disimulado, que tuvo lugar en el extremo sur de los antiguos dominios españoles: la Patagonia Argentina y la región Magallánica. De estas dos regiones geográficas trataremos en la proxima nota.

A diferencia de la antigua ruta de la seda, donde todos ganaban, la ruta de la lana sólo brindaba ganancias Gran Bretaña. A su paso, sólo quedaban sociedades despojadas de sus patrimonios materiales y culturales.

Hacia 1850, Inglaterra producía alrededor del 53% del hierro y el 50% del carbón del mundo. En sus manos tenía el 25% del comercio mundial, y mas del 60% del intercambio de productos industrializados.

La crisis de 1873, puso en graves aprietos al capitalismo británico. Lo mantuvieron a salvo su decidida presencia en actividades financieras, seguros y transporte.

No obstante ello, fue bajando en el ranking comercial mundial, pasando de un cuarto puesto en 1880 al sexto en 1913 (el momento de mayor extensión del Imperio Británico).

La historia es maestra de la vida, si sabemos escucharla.

Comparar el espíritu que animaba la ruta de la seda (en el que todos ganaban) con el que empujaba la ruta de la lana (en que sólo uno podía ganar), puede ayudarnos a elegir cómo enfrentar los desafíos geopolíticos del presente.